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IDEAL DE GRANADA

Jueves, 3 de agosto de 2006

 

VIVIR

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Amancio Prada abre 'Poesía en el Laurel' ante mil asistentes

 

El cantautor recitó a San Juan de la Cruz, Juan.Ramón Jiménez y García Lorca con una voz .dulce y armoniosa que embelesó al público

 

ROMÁN URRUTIA/LA ZUBIA

 

La portada del convento de San Luis y sus casi seis siglos de historia fueron el decorado perfecto para un escenario que se completaba con laureles y castaños, y que albergó la noche del martes el primer recital del ciclo 'Poesía en el Laurel', que se desarrollará a lo largo del presente mes en la Zubia bajo la coordinación del poeta Pedro Enríquez. Y también fue perfecto el protagonista, Amancio Prada, un poeta que canta los versos de los escritores más universales y que hizo de Rosalía de Castro su bandera.

 

Apenas habían desaparecido los últimos rayos de sol cuando los acordes de la guitarra de Prada y el chelo de su más reciente compañera de recitales, Sasha Crisan, comenzaron a resonar ante un silencioso y expectante público que alcanzó el millar, unos acordes que interrumpió para pedir al respetable que escuchase el canto de los grillos: «Delicioso ¿no les parece?». Una primera muestra de la sensibilidad de un cantante que, lejos de perder fuerza con los años, ha ganado en sensibilidad y en saber transmitir serenidad a un público con el que se identificó apenas transcurridos unos minutos.

 

La voz dulce y armoniosa, como para que encajara en el entorno, y un convento con público de excepción: un nutrido grupo de ancianas monjas mercedarias a las que Prada dedicó dos sus temas para agradecer «que podamos estar aquí».

 

Morente y Moratalla

 

Las historias, los comentarios sobre sus viajes y sus conciertos -«en Chile, miren ustedes por donde- aprendí una canción de mi tierra». Recordó aquel Carmen de Los Mártires con su convento, a su buen amigo Eduardo Castro, que le sorprendió convirtiéndose por unos minutos en recitador de poemas, también a dos Enriques casi universales, Moratalla y Morente. El primero le presentó diciendo que «pasea la palabra hecha música con elegancia y personalidad», y el segundo le escuchaba embelesado confundido entre un público que apenas notó su presencia, porque, al igual que Prada, derrochó una difícil cualidad en los grandes hombres, la modestia. Entre los asistentes, escritores, políticos y unas autoridades que esa noche dejaron de serlo porque quienes mandaban allí eran la música y la poesía.

 

Prada realizó un escogido repaso a toda su discografía y sus habituales, desde San Juan de la Cruz a Juan Ramón Jiménez, pasando por Lorca -el día 18 en Víznar ofrece un concierto con poemas del granadino- y, cómo no, Rosalía de Castro, que le hizo emocionarse cuando presentó su tema 'Adiós ríos, adiós montes'. De Lorca cantó un poema que decía «es imposible callar a la guitarra», y el público, al final, pidió que ni la suya ni su voz se callaran, por eso, después de emocionarles con 'Libre te quiero', una canción con letra del filósofo ácrata Agustín García Calvo que llegó a ser casi un himno al amor en los años 70, se armó con su zanfonia y cantó el 'Romance del enamorado y la muerte'.

 

Prada dejó huella en los jardines del Laurel de La Reina, la huella de una dulzura en la voz y un sentimiento que ha crecido con los años. Sencillamente exquisito.

        

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