Amancio Prada: «No hay nada más profundamente culto que lo
popular»
El jurado valoró su doble faceta de músico y
de transmisor a todo tipo de públicos de la riqueza poética de autores de
diferentes siglos
FÉLIX IGLESIAS
VALLADOLID. El cantautor leonés Amancio Prada recibía ayer en su domicilio en
Madrid la doble sorpresa de saberse nominado y reconocido con el Premio
Castilla y León de las Artes 2005. Sus primeras palabras «como autor» fueron
para «los poetas a los que he cantado», a quienes dedicó el reconocimiento de
un jurado integrado por el etnógrafo y músico Joaquín Díaz; el director
teatral, Fernando Urdiales; el gerente de la Orquesta Sinfónica de Castilla y
León, Enrique Rojas; el director del Museo de las Ferias de Medina del Campo
(Valladolid), Antonio Sánchez del Barrio; la escultora Prudencia Sanz, y el
director de El Norte de Castilla, Carlos Roldán.
El premiado rememoró que se decidió por el mundo de la música escuchando a
Joaquín Díaz, José Afonso, Joan Manuel Serrat o Paco Ibáñez, pues en su opinión
«la letra con música entra». Sin embargo, Prada, que ha musicado textos de San
Juan de la Cruz, Agustín García Calvo o Rosalía de Castro, se reafirmó en que
«me tengo que enamorar del poema por su sonoridad, por su acorde, por su
vinculación con mi forma de ser» para trasladarlo al pentagrama; eso sí,
«independientemente del reconocimiento del poeta». A partir de ese momento, el
cantautor, recordó el premiado, «tiene que revelar la luz que contiene el
poema».
Amancio Prada, del que el jurado destacó también su capacidad para adaptarse en
escena a todo tipo de público para transmitir la fuerza de sus canciones y de
los versos, aseguró que él no diferencia entre público culto y popular. Es más,
«no encuentro contradicción entre lo culto y lo popular», subrayó Amancio
Prada, para quien «la profundidad de lo popular es lo más difícil de
conseguir». No en vano sentenció: «No hay nada más profundamente culto que lo
popular».
Para el cantautor berciano la grandeza de la cultura popular es que el rastro
del autor se pierde en el anonimato. Para ejemplarizar esa evolución desde la
privacidad creativa a la comunión colectiva, Prada puso como ejemplo el cuento
de «Caperucita Roja» y los tebeos del Capitán Trueno, patrimonio cultural universal,
«y de los que casi nadie recuerda que son autores Charles Perrault y Víctor
Mora». Esa transparente disolución del creador es, para Prada, el más alto
logro de un artista.
Por el contrario, el galardonado consideró contradictoria la mitomanía de la sociedad
actual, pues, pudiendo estar justificada, «en muchas ocasiones se debe más a
factores ambientales que empujan a la gente a consumir productos sin más».
Ante esta tentación uniformadora y despersonalizadora, el artista leonés abogó
para que «los responsables políticos cumplan con su obligación de propiciar la
formación profesional y de alentar la afición» en las diferentes artes.