AMANCIO PRADA CANTANTE Y COMPOSITOR
«¿Viva la emoción, no el grito!»

El artista leonés, uno de los grandes músicos que ha rendido homenaje a los mejores poetas españoles, interpreta esta noche en Ceutí 'Hasta otro día, Chicho Sánchez Ferlosio

 

ANTONIO ARCO/MURCIA

 

«Cráneo privilegiado. Genio y figura. Ni mejor ni peor, diría él», afirma Amancio Prada (León, 1949), de su amigo el irrepetible Chicho Sánchez Ferlosio, la madre que lo parió qué tipo tan complejo. «Porque en mi cabeza manda el corazón a veces me callo teniendo razón», sentencio el autor admirado por Amancio Prada, músico y poeta, hombre anhelante de silencios y enemigo del griterío, y cuyo reino sí es de este mundo: un reino en el que tienen cabida disfrutar a pleno pulmón de la vida, el arroz con verduras primorosamente elaborado, y la charla tranquila con los amigos de batallas y baños de júbilo. Esta noche, a las 22.00 horas, Amancio Prada presenta, en el Auditorio de Ceutí, su último trabajo discográfico: Hasta otro día, Chicho Sánchez Ferlosio.

Y de Chicho Sánchez Ferlosio, precisamente, dice Amancio Prada: «Además de escribir poemas y canciones, se adentró en el terreno de la lingüística, de las matemáticas y de la informática; inventó numerosos juegos y rompecabezas». «Un buen juego es aquel cuyas reglas son fáciles de explicar y de entender, pero difíciles de dominar», defiende Chicho, quien «todo lo hace por gusto, por amor al arte», recuerda emocionado Amancio Prada, para quien el autor de Dulce vino de olvido es «el cantor con más gracia y talento de España». Autor de la emblemática canción Círculos viciosos, lleva, en opinión del cantautor leonés, «una vida muy ácrata y apartada de los asuntos de la escena». Qué tipo tan extraño este Chicho Sánchez Ferlosio.

Amancio Prada

Ni agua a los cazurros

Amancio Prada busca el silencio, para llenarlo de música o de conversación, y lo exige cuando le llega el turno de cantar. Que lo escuche quien quiera, pocos o muchos, pero en silencio. Ofrece intimidad, y poesía propia o ajena, porque «contra la poesía no hay quien pueda». Ni cazurros ni ruidosos motorizados, ni tontos del bote ni meapilas.

Al músico -le deben gratitud García Lorca, Rosalía de Castro, Agustín García Calvo y tantos otros-, le encanta el Cántico de Juan de la Cruz, que tantas gratificaciones le ha proporcionado: «Me sigue emocionando y sorprendiendo siempre: cada vez que lo canto, una palabra, un verso, se me revelan con un sentido y un sonido nuevos... Cantar a San Juan me ha permitido también acceder a escenarios privilegiados, ¿tantos claustros, iglesias, catedrales...!, espacios sagrados donde aún es posible palpar el silencio. Cantar como quien reza». Ha llovido a cántaros desde que empezó su carrera musical, que esta noche sumará una nueva experiencia con su concierto en Ceutí, donde siempre ha sido muy bien recibido por el público, que lo sigue con un sobrecogedor respeto.

Cantar en necesario

Sí, ha llovido mucho y se han multiplicado los gritos de los mercaderes y de los horteras, pero Amancio Prada no renuncia a provocar en el público una emoción extraña, un galopar de caballos en el pecho ansioso de sentirse vivo. Lo dice con pena: «La gente canta cada vez menos con el corazón y eso es triste y perjudicial». Cantar para uno mismo, en susurros, como una liberación y como una celebración del hecho de existir. «Mi canto es un cantar del alma, de las almas en pena», precisa Amancio Prada. Y mucho cuidado, porque el músico no tiene un pelo de cursi, un pelo de ñoño, un pelo de reliquia de tiempos lejanos. Enemigo del griterío, eso sí, no quiere verse mezclado con el artificio y la estupidez, con el escándalo y las vísceras. Lo suyo es poner calma en los corazones heridos.

El autor del hermoso oratorio Emboscados está acostumbrado a combatir la tristeza a brazo partido. Lo hace cuando aparecen sus molestos problemas musculares o la siempre agridulce huella de la melancolía. Y no hay concierto en el que no se acuerde de su padre muerto, «un hombre que yo admiraba muchísimo. Uno se va quedando cada vez más solo».

Más solo, pero con el beso de la música en la mejilla, y con las canciones y los recuerdos: «He cantado mucho, sí, canto todos los días. Me parece que cantar es algo que nos ennoblece. Es como si al cantar sacásemos de nuestro interior el fondo más noble que tenemos. Estamos cada vez más rodeados de música por todas partes, música que en la mayoría de los casos no es otra cosa más que anuncios, más que griterio, más que estridencia».

Hasta otro día, Chicho Sánchez Ferlosio es un disco, explica Amancio Prada, «fruto de mi amistad con él, y a él está dedicado: al cantor con más gracia y talento que he conocido». «Algunas de sus canciones», recuerda, «se hicieron muy populares en los años 60 y la gente las cantaba pensando que eran anónimas, ese estado de gracia de una fama superior. No puede aspirar un autor a mayor gloria». Él sólo publicó dos elepés, uno en Suecia, de título y fecha inciertos, y otro en España, A contratiempo, en 1978, ambos descatalogados.

«Los temas interpretados en este disco», indica Amancio Prada, «representan una pequeña parte de su amplio repertorio. La mayoría tienen letra y música suya; otras las compuso sobre poemas de Agustín García Calvo; y también hay aportaciones mías, como La vecina, a la que puse música hace años». El disco es pura emoción y pura frescura y homenaje rebosante de admiración y cariño: «Corazón apasionado, / disimula tu tristeza, / corazón apasionado. / Que el que nace desgraciado / desde la cuna comienza a vivir martirizado».