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CENTENARIO DIARIO DE LEÓN
La poesía de Amancio Prada abre los actos del centenario de
Diario de León
El poeta recorrió algunas de las páginas de su florido y rico
repertorio, aderezándolo con palabras de Sánchez Ferlosio
El cantante berciano, acompañado por un
cuarteto de lujo, llenó de versos, música y nostalgia el Auditorio
Miguel Ángel Nepomuceno león
Norberto/Jesús
«Dedico este recital a los trabajadores de ahora y siempre, y a los que no están en la primera fila nominal» AMANCIO PRADA felicitó a los empleados de Diario de León al final del concierto Como sucede donde quiera que actúa Amancio Prada y muy especialmente en su tierra, el cartel de no hay entradas se tiene impreso varios días antes del concierto porque hay que colgarlo ineludiblemente a las pocas horas de darse a conocer su presencia. Y esta vez no fue la excepción. El Auditorio Ciudad de León registró el lleno esperado y pocas alternativas quedaban para moverse con desahogo.
La celebración del Centenario del Diario de León, que por un día no coincidió también con su cumpleaños, congregó en el Auditorio a rostros conocidos del mundo de la música, de la cultura, de la política, y en especial del periodismo, que se entremezclaban con los de sus fieles seguidores, otorgando a la sala sinfónica del edificio de Eras un aspecto entre congreso político y concierto entre amigos.
Pocos artistas, es verdad, concitan tanta expectación a todos los niveles como lo hace Amancio Prada cada vez que aparece en un
escenario. Bien solo, o acompañado por otros instrumentos como los que le
arroparon ayer, él sabe tocar las fibras más sensibles del oyente para hacerle
partícipe de ese juego de complicidades tan personal que cabalga a lomos de la
añoranza, del recuerdo, la música y el decir del verso. Y con estos
mimbres, unidos a esa jovialidad que emana irremisiblemente de su persona, se
paseó y recreó anoche por todos los registros posibles que un cantor puede
ofrecer.
Homenaje a Chicho Ferlosio No sólo recordó a Chicho Sánchez Ferlosio y sus múltiples
facetas de cantautor callejero, matemático, militante político, inventor,
tertuliano y libre pensador en activo desde los años 60, que ha ido dejando
aquí y allá canciones que, en muchos casos, como Gallo rojo , había sido un conocido himno antifranquista y era una
canción sumamente popular, sino que navegó por los siempre frescos y morriñosos
versos de la sin par Rosalía, o trazó las coordenadas de nuestros corazones
para diseccionarlos con las canciones de García Calvo en su afán de tejer y
destejer del tiempo, que trajo aromas parisinos, gallegos, leoneses o
hispanoamericanos.
El silencio denso y la voz suave de Amancio, quien agradeció las
emotivas palabras del director del Diario de León en la ceremonia de las presentaciones,
crearon ese hilo de comunicatividad que partía del escenario y llegaba sin
miramientos a cada uno de los allí reunidos; una noche de homenajes y recuerdos
única porque en cuestiones de centenarios el dios Cronos no suele otorgar
muchas oportunidades para celebrar otro.
Siempre se ha admirado en el cantautor de Dehesas esa innata facilidad para el «canto llano» que dirían los gregorianistas, un canto que se distingue traspasando espacios inmensos por la nitidez de sus armónicos. Por esa pronunciación cristalina, esa vocalidad inmaculada, sin fisuras, que le permite emitir las notas más bajas con la proyección de un cantor catedralicio. Consciente de su poder de convocatoria, de su poder para transformar a las masas más heterogéneas en atentos participantes, Amancio fue recorriendo algunas de las páginas de su florido y rico repertorio con ese estilo tan propio y reconocible que consigue convocar a un buen número de fieles seguidores que nunca se cansan de escuchar al cantautor español más querido en todas las latitudes.
Pero si la voz es única, los acompañantes tuvieron también su
parte del éxito. Tanto la sin par Hillary Filding con ese chelo maravilloso con
el que consiguió locuras sobre cuatro cuerdas, como el piano oportuno,
solitario y acariciador de Pedro Navarrete, la gravedad solemne del
contrabajista Waldo Martínez, o el acordeón quejumbroso y melancólico de Juan
Pedro, todo contribuyó a crear el ambiente propicio para que la velada del
centenario fuera única y distinta.
Fiel a una trayectoria rigurosa, Prada ha logrado desde sus
inicios crear un estilo propio que en nada tiene que ver con el resto de sus
colegas de oficio por su peculiar concepción de lo que él entiende por el alma
de la música y el sentir del verso. Haciendo uso de las fuentes populares más
arraigadas en la idiosincrasia delas gentes, el poeta berciano logra imprimir a
cada verso esa magia inconfundible de su arte para que música y poesía se unan
en esa simbiosis única de armonía y espiritualidad.
Lírica musical
Pocas veces hemos escuchado a Amancio Prada con esa frescura tan consustancial a su voz como anoche, con esos poemas que son como un cantar y un decir, como un soplo de vida a la letra impresa para transformarla en llama encendida que todo lo consume y que al instante vuelve a renacer.
El cantautor de Dehesas nos ofreció, recostado en la evocación, con la sencillez y ternura con la que siempre adorna aquellos poemas de los que se enamora, ese ramillete de canciones a los que guitarra, piano, acordeón, contrabajo y chelo se imbricaron hasta hacerse uno. Difícilmente se podrá conseguir mejor conjunción de melodía, poesía y arte.
Noche mágica llena de amigos, de admiradores y de personas que descubrían por primera vez el canto maravilloso de Amancio Prada y a los que envidio profundamente porque esa sensación de encontrarse con una persona tan humana y con una voz que te traspasa por su tremenda calidez es un placer difícilmente compartible.
Un recital, pues, para degustadores de la poesía en estado
puro y un reencuentro con la voz luminosa e irrepetible de ese Amancio Prada
que siempre ha estado y estará tan arraigado a nuestras vidas, a nuestra tierra
leonesa y a nuestro siempre eterno y merecido agradecimiento.
ÚLTIMA HORA