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Amancio Prada interpretado por |
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María Zambrano |
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CANTOR MÍTICO En la voz de Amancio Prada ocurre lo que en el mundo arcaico se decía de ciertos cantores legendarios: a los sones de su canto acuden a pacificarse las bestias, el agua de los ríos cambia su curso, las piedras y los árboles descienden de los montes, y aún estos, conmovidos como serpientes heridas o pájaros enjaulados, no pueden resistirse a la llamada. Buscan un lugar nuevo hacia aquella flor de música que se les ofrece, y les arrebata, y que al resonar en el cáliz de la voz templada, les recorría a sólo Dios sabe qué tonalidad originaria, qué pura visión del sentir, donde les alumbra la íntima e insólita, lucífera palabra musical. Alza el vuelo la voz y su canto excede el aletear de sus canciones, verdadero poeta creador, Amancio Prada oficia con su canto el rito inmemorial del alma que sale del cuerpo y busca su muerte en las alturas, que arranca del cuerpo toda la muerte y se la lleva consigo a la región del sueño de la no muerte, para hacerle después a él, inerte sombra del alma, renacer a la vida, a tanta vida como le quede. La manía melancólica se desata a través de estas canciones que, con la sola atadura de la magia melódica de la voz el canto agavilla en aleación única, en un aliento mineral cerrado, herido, hirviente, a punto de lograr la fusión alquímica del timbre de una voz inmortal, que se reconoce cristalinamente y se distingue del resto de las voces mortales e inmortales. Cantor mítico, Amancio Prada, a través de sus canciones, pero siempre al límite y más allá de ellas, con su voz. Así fueron los poetas que sembraron de poderes sobrehumanos, de multitud de formas y divinidades, subterráneas, marinas o aeromorfas, el pensamiento y la vida del adolescente género humano. Y así se nos muestra hoy, irremediablemente lejos de aquella edad primordial, el mejor exponente que conocemos de esta magnífica estirpe de iniciados por Apolo al misterioso lenguaje de la lira. Cantor del puro canto, que canta extremando la gravedad de cada nota y letra, hasta lograr que la canción se trascienda a sí misma, y que trascienda en sí todo lo que ha logrado unirse a ella. Volver a escuchar a Amancio Prada, una y otra vez, es especialmente saludable para aquellos que vagan, arden en el infierno de algún cielo cerrado, o tiritan de frío bajo las lluvias que están aún por caer sobre la tierra. Porque su voz no vendrá a repetirse cuando vuelva a sonar, ni a repetirnos nada que ya nos hubiera dicho, sino que traerá en cada nueva rama, un nuevo fruto del árbol frondoso de la imaginación creadora, que es el árbol de la vida, y que es necesario que Amancio Prada siga guardando para todos con el arte de su voz, como la serpiente divina o el ángel espectral a las puertas del Paraíso. Juan Carlos MarsetJuan Carlos Marset |
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Manuel Vicent |
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Mi querido amigo, (...) A propósito de Ernst Jünger. Allí estuvimos tú y yo en la ceremonia de la investidura del escritor como doctor "honoris causa". ¡Qué feliz coincidencia! Verás por qué. (...) Es la de la emboscadura, el resultado de perderse en el bosque, excepcional y generoso regalador de toda personal autonomía con potencia suscitadora de nuevas realidades, esto es, con capacidad de fecundar la oculta realidad. Para demostrarlo he ahí la resurrección que operas en los versos cunqueirianos y en los de San Juan de la Cruz. Crear es el más alto grado de realización a que puede llegar la criatura humana. Con lo cual, además, conquistas alturas nunca antes conquistadas. Atrás quedan las chabacanerías del mal folclore, atrás quedan toda casta de vulgaridades. Hay, pues, en tu obra, una verdadera recuperación. Y, cómo no, una liberación. Andamos sumergidos en vulgaridades artísticas y en falsedades creadoras. Tu empresa gana, así, un complemento de transcendencia. Y de permanencia. ¿Recuerdas los versos de Hölderlin?: "Lo que los poetas fundan eso es lo que permanece". (...) Solía decir don Ramón del Valle-Inclán que "crear belleza es acertar con el punto de la eternidad". En esa ideal e inalcanzable diana has clavado tú poemas y armonías sin cuento. Y sigues con eso la intuición de Schopenhauer –creo que fue Schopenhauer– cuando afirmaba que la música nos entrega "el corazón de las cosas". Y esto, justamente esto, es lo que las palabras y los "sones bien concertados" de tu inspiración han metido dentro de mi alma. (....) Muchas más cosas podría decirte pero me temo que excederían el contenido de una carta. El contenido de una gratitud. Muchas gracias pues. Y un cordial abrazo de tu siempre amigo y siempre admirador. Domingo García-Sabell
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Siro 2 |
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