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| de mar e terra A Teófilo Caamaño (Carnota, 1912 - A Coruña, 1997) in memoriam Teófilo fue un viajero errante y perpetuo, hoxe eiquí, mañán alí, un ser excepcional. Gallego hasta la médula, y marinero, idealista, rojo, rebelde y noble. Un vagabundo, paso corto, mirada larga, por caminos de mar y tierra. Su vida fue una sucesión de aventuras hasta el final, imposible de resumir en estas líneas. Nació en Carnota y, casi adolescente, empezó a navegar con su padre, que tenía un barco de tres palos; la Guerra Civil le sorprendió en Melilla, a bordo de un barco mercante y a punto estuvo de ser fusilado entonces; cruzó el Estrecho alistado a la fuerza en la Legión, pero pronto se pasó al bando republicano; al perder la guerra, huyó a Francia, donde estuvo en varios campos de refugiados; pasó por la escuela de guerrilleros de Toulouse; participó en la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial; se fugó del campo de concentración Mathausen...; cruzó más de una vez la frontera franco-española en misiones clandestinas; cuando ya se quedó en España, trabajó temporalmente en las faenas y lugares más diversos. Era un atorrante, como él mismo decía, pero con un porte y una elegancia natural impresionantes. Yo le conocí en Segovia el verano del 75, por la Alameda del Eresma, cuando buscaba refugio en unas casas abandonadas donde pasar la noche... Empezó a contarme su vida y aquella misma tarde subimos cantando, pola corredoira arriba, coplas y coplas que iban brotando de la memoria. Luego, de vez en cuando, aparecía por casa y se quedaba una temporada, se apalancaba. Entonces, llamaba a mis amigos para que vinieran a disfrutar de sus relatos y de las rondas cantarinas que formábamos. ¡Cuánto siento no haber grabado aquellas veladas!. Era un narrador excepcional, con una memoria prodigiosa y una voz espléndida. De él aprendí muchas de estas coplas de mar e terra y juntos las cantamos muchas veces. Cuando sintió la hora del último viaje volvió a su tierra, como siempre ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar. Descanse en paz. Carmen Martín Gaite fue el alma de Caravel de Caraveles y la fuente de muchas de las canciones de aquel espectáculo. Entonces le dediqué el disco de Caravel: A Calila. Y ahora le dedico otra de las coplas, también de su cosecha, que solemos cantar juntos: De Portugal me mandaron, por su buena memoria y su afición a contar y cantar. En Caravel de Caraveles también estaban Eduardo Gattinoni con el violoncelo y Alejandro Massó, que tocaba la teorba, cromornos, flautas y percusiones diversas... Alejandro me había dejado su zanfona para aprender a tocarla y me enseñó también esta Danza de Caravel, que ahora le dedico. Nosa Señora da Barca se la dedico a Marcelino López, luthier, que hizo mi primera guitarra de concierto y restauró la zanfona que aparece y suena en este disco. Una noche de diciembre de 1975, después de la función de Caravel de Caraveles en el Pequeño Teatro de Madrid, se acercó a saludarnos el poeta Luis Rosales y me cantó Miña nai como é tan probe y De ruada, uniendo ambas coplas y resaltando el contraste entre ellas. En su memoria. En el verano del 85 di un concierto en la Plaza de la Quintana con la Banda Municipal de Santiago de Compostela, incluyendo algunos temas caravelianos. A raíz de aquel encuentro, me llamó Antonio Amigo con el propósito de repetir y ampliar la experiencia con la Banda de Merza, que él dirigía. Y empezamos a trabajar..., pero no tuvo tiempo. Le dedico la copla que añadió a mi repertorio: Rema, barqueiriño rema. Adios á miña casiña es para el cantor José Manuel Eiris, ya en "ese lago inmenso". Otras canciones forman parte de mi historia familiar, pues en el Bierzo siempre se ha cantado mucho y bien: mis padres, mis tíos, hermanos, primos y demás familia, como suele decirse, podrían estar todos cantando alguna copla en este disco... Y lo están de alguna forma, pues mis hermanos Nicolás y Jose vinieron a cantar conmigo a coro, en un guiño al canto de ronda y de bodega. As mozas de Vilanova se la dedico a mi tío Agustín, que tan bien la cantaba. No sé cómo agradecer a Joaquín Díaz que se haya incorporado también, como uno más, al coro del ailalelo, ailalalo. ¡Vaya un lujo!. Yo le admiro desde hace muchos años, por su creación y su preocupación por la música popular. Suya es la música del Romance del Enamorado y la Muerte, aunque parezca tradicional. ¡Qué maravilla y qué suerte! Venciendo cierto pudor, transcribo más adelante parte del contenido de una carta del Doctor Domingo García-Sabell, cuyos comentarios parece que vienen a cuento de mar e terra y me excusan de añadir cualquier consideración teórica respecto al fondo y la forma de este disco. Se lo agradezco. Finalmente, este disco no hubiera sido posible sin la participación esencial y cómplice de Luis Delgado. Un disco que hemos hecho mano a mano. Su talento musical y su versatilidad instrumental y tímbrica han sido la clave para que estas coplas, tan apegadas al mar y a la tierra, puedan levantar el vuelo a la Vía Láctea, que es el Camino de Santiago. Para ponerlas en el aire, que es donde estamos todos. Amancio Prada, primavera de 1999 |
Mi querido amigo, [...] A propósito de Ernst Jünger. Allí estuvimos tú y yo en la ceremonia de la investidura del escritor como doctor "honoris causa". ¡Qué feliz coincidencia! Verás por qué. Jünger ha acertado a definir la música si es que puede ser definida con acierto y sutileza simultáneas cuando afirmó que el lenguaje musical nos lleva no sólo a las fronteras de las palabras, sino, además, a las de la percepción, ("Der Musik führt nicht nur an die Grenzem des Wortes, sondern an die Warnehmung"). Y más adelante añadió que la obra de arte se alcanza cuando llega a esos límites y aún amaga con superarlos. Entonces ello suscita "un arrobamiento e incluso temblor", ("einen Schauer und selbst ein Schaudern"). Llegando a este extremo, dice algo que, según yo pienso, es definitivo. Y, desde luego, totalmente aplicable a tu arte, a saber, que, en última instancia, no se trata de insuflar vida a la materia, sino de reconocer la vida que hay en ella y ponerla en libertad. Por eso "en toda gran obra se engendra una resurrección", (Auferstehung ist daher in jeden grossen Werk") [...] Es la de la emboscadura, el resultado de perderse en el bosque, excepcional y generoso regalador de toda personal autonomía con potencia suscitadora de nuevas realidades, esto es, con capacidad de fecundar la oculta realidad. Para demostrarlo he ahí la resurrección que operas en los versos cunqueirianos y en los de San Juan de la Cruz. Crear es el más alto grado de realización a que puede llegar la criatura humana. Con lo cual, además, conquistas alturas nunca antes conquistadas. Atrás quedan las chabacanerías del mal folclore, atrás quedan toda casta de vulgaridades. Hay, pues, en tu obra, una verdadera recuperación. Y, cómo no, una liberación. Andamos sumergidos en vulgaridades artísticas y en falsedades creadoras. Tu empresa gana, así, un complemento de transcendencia. Y de permanencia. ¿Recuerdas los versos de Hölderlin?: "Lo que los poetas fundan eso es lo que permanece". [...] Solía decir don Ramón del Valle-Inclán que "crear belleza es acertar con el punto de la eternidad". En esa ideal e inalcanzable diana has clavado tú poemas y armonías sin cuento. Y sigues con eso la intuición de Schopenhauer creo que fue Schopenhauer cuando afirmaba que la música nos entrega "el corazón de las cosas". Y esto, justamente esto, es lo que las palabras y los "sones bien concertados" de tu inspiración han metido dentro de mi alma. [...] Muchas más cosas podría decirte pero me temo que excederían el contenido de una carta. El contenido de una gratitud. Muchas gracias pues. Y un cordial abrazo de tu siempre amigo y siempre admirador. Domingo García-Sabell, A Coruña, 8-VIII-95 |
-----Mensaje original----- Joaquín Díaz, Urueña, 21-4-99 |