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CARAVEL DE
CARAVELES Aluméame |
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§ Por ventura, y a pesar de un tiempo tan adverso, aún se puede hablar de folclore gallego como de algo vivo, sonoro en la garganta del pueblo. ¿Por cuánto tiempo? Esto es lo que preocupa, porque el proceso de degradación por la industria cultural, entre otras, parece irreversible y que no hay quien lo pare. Claro que, ¿podría ocurrir de otra manera? Porque el cantar del pueblo desaparece junto con aquel medio y modo de vida rural que lo creara. (No se olvide que, hasta ayer, hijos todos o nietos de labriegos). Pero los arrieros se perdieron por los caminos vecinales y su cantar con ellos; la tierra ya se labra con tractores y máquinas cuyo ronroneo asorda el posible canto; y como el pueblo no canta porque le escuchen, con el folclore de verdad no hay profesionalidad que valga. No nos queda, entonces, sino el recuerdo y la nostalgia. Que esto quiere ser Caravel de Caraveles: un recuerdo vivo. Con el afán, eso sí, de recrear aquellas canciones, fruto luminoso de oscurecido origen, tratando de respetar aquella gracia y espontaneidad populares, aun cuando la instrumentación y la armonía aquí empleadas suponen una actitud e interpretación particular y siempre subjetiva. Pero pienso también en esos hombres y mujeres que se agrupan en corales y bailan y cantan, salvando del olvido tantas coplas, tanto saber. Su afición y entusiasmo nos alienta y a su canto uno yo, humildemente, el mío. Amancio Prada ( Mayo de 1976) CARAVEL DE CARAVELES: LA ALEGRIA EN CASA DE LOS POBRES El programa, en un papel de estraza rojillo, reza: "Caravel de caraveles", que significa "clavel de claveles", como todo el mundo sabe. [... Con Amancio Prada, Eduardo Gattinoni, Alejandro Massó y Calila. En el Pequeño Teatro. Y ellos están dale que dale, durante una hora. Venga, que si cantan, que si se mueven, que si se ponen la capa, que si sale Calila, que si entra. Se ponen sentimentales, se ponen cachondos, se ponen maliciosos que se decía antes, se ponen excéntricos, se ponen en plan clásico y en plan rural. El espectador se refocila, se admira, se sorprende, se ríe, se le mueve la pierna sola. Oh, cuando al espectador se le mueve la pierna sola, he ahí la catarsis. Pero ellos no se desmadran: cortan, saltan, rompen, se alejan, siguen cantando. Con o sin réplica. O dejan de cantar un poquito. Suenan los mágicos, raros instrumentos. (...) Sólo una hora. De siempre se ha dicho que no es larga la alegría en casa de los pobres. Sorprende, sin embargo, que con alegrías tan cortas hayan llegado los pobres a trabajar tan intensa y matizadamente el raro género (de la alegría). Los grandes sufridores de toda la vida se conocen la alegría como la palma de la mano. Quizá tampoco es más grande. (Hele).
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